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Después de la I y la II Guerra Mundial se consolidó el desarrollo de la cirugía plástica facial al reconocerse su importancia en la reconstrucción facial de los heridos en guerra, hasta entonces sólo orientada a la reparación de las áreas nasal y mandibular, cuyos especialistas eran realmente muy pocos.
La práctica quirúrgica demostró que además de cubrir estas necesidades urgentes también era posible mejorar el aspecto de los pacientes.
Los adelantos en el manejo de la anestesia quirúrgica favorecieron el perfeccionamiento y desarrollo de nuevas y audaces técnicas que buscaban responder no sólo a los requerimientos en reconstrucción facial sino, además, llenar las expectativas estéticas de la época moderna.
Hoy en día, la cirugía facial es considerada como una especialidad de la medicina que exige gran preparación, práctica y actualización. La cirugía plástica facial se preocupa cada vez más por brindar al paciente apoyo humano, mejores alternativas técnicas, y alta calidad. Su objetivo apunta a respaldar al paciente y mejorar su calidad de vida mediante el impulso de la excelencia en la práctica quirúrgica y la investigación, salvaguardando primordialmente la integridad del paciente y fomentando el ejercicio de la ética en la profesión.
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